Virtud de la Generosidad y sus divisas

Virtud de la Generosidad

En el plano material la generosidad la podríamos definir como el acto de dar a los demás en forma material o física, normalmente en dinero, que se hace de forma altruista, desinteresada, sin esperar nada a cambio. Un gesto que, bien humano, es muy necesario realizar para intentar paliar en la medida de nuestras posibilidades aquellas necesidades básicas de nuestros semejantes que por circunstancias no tienen medios suficientes para cubrirlas y en muchos casos se tratan de necesidades vitales.

Pero la generosidad va más allá si somos capaces de elevarla a un plano superior, como son el emocional, sentimental o espiritual, porque la generosidad es dar también otras cosas que a veces son mucho más complicadas de dar, llámense afecto, amor, comprensión, consuelo, amabilidad…. hasta manifestar una sonrisa podríamos decir que es generosidad. Y en ese sentido, el del Amor, esta divisa o virtud de la generosidad es fundamental, pues sólo la podríamos entender como la entrega de parte de nuestra vida a los demás, una entrega que sin duda alguna nos proporcionaría la llave que nos abriría las puertas de las demás virtudes y de nuestra propia consciencia, y desde esa perspectiva, no cabe otra cosa que decir que la generosidad es la semilla que siembra el Amor.

Otro acto de generosidad, que puede ser considerado como superior, es la generosidad de saber y querer perdonar, puesto que para perdonar hace falta tener una gran voluntad de aceptación y de tolerancia, así como disponer de un gran deseo de servir a los demás. Y no se trata de quitar importancia de lo que las otras personas nos pueden haber hecho, ni de ser ingenuos, sino de comprender y reconocer la necesidad de esa persona a recibir amor, a recibir nuestra generosidad por algo en que nos haya ofendido, esforzándonos en mostrarle que no le hemos rechazado por lo que ha hecho puesto que le aceptamos y confiamos plenamente en sus posibilidades de mejorar. Y si de alguna manera armónica no lo podemos conseguir, pues no pasa nada, lo importante ha sido haberlo intentado, porque será precisamente esa intención la que nos hará evolucionar espiritualmente, ayudándonos a alcanzar la verdadera alegría y la satisfacción del deber cumplido y pactado en un momento dado con nuestro interior Divino. El Amor.

Una persona que ha sido capaz de cultivar en su interior, bajo el prisma del Amor, la virtud de la generosidad, sería impensable que lo hubiese logrado sin antes haber despertado y fusionado en su interior otras virtudes o divisas, tales como la tolerancia, la benevolencia, la templanza, la bondad, la misericordia, el desprendimiento,… ya que todas ellas se complementan y se interrelacionan entre sí, potenciando de este modo la generosidad.

¿Qué podemos decir de ellas?….

( Fuente: Portal Planeta http://www.portalplanetasedna.com.ar)

EMPATÍA

La podríamos entender como la visión de nuestra “conciencia social”, aquella que nos hace ser capaces de “leer” emocionalmente los sentimientos y necesidades de los demás, y que provocaría en nosotros una especie de calidez emocional y de compromiso, afecto, comprensión, ternura, sensibilidad, … al llevar nuestras acciones y obras hacia los demás.
Qué duda cabe que la empatía está relacionada con otras divisas como la compasión, misericordia, solidaridad, tolerancia, … puesto que es la base que nos permitirá sentir el dolor y sufrimiento de las demás personas y el deseo de prestarles nuestra ayuda. Y esta respuesta dada a las emociones sentidas por otras personas será la que nos potencie el altruismo, que es en sí mismo el reflejo de la generosidad.

Pero a la empatía hay que cultivarla, no nos viene sola. Por eso debemos estar pendientes y cuidar los pequeños detalles que reafirmarán este valor en nuestra persona:

• Debemos procurar disponer de un ambiente positivo y atender la posible ayuda de otras personas con serenidad, amabilidad y bondad.
• Debemos saber escuchar a las personas, no demostremos prisas, aburrimiento, cansancio, .. y reflexionemos sobre sus opiniones y sobre todo darle la máxima importancia por nuestra parte.
• Debemos evitar el hacer prematuros juicios de valor de la personas.

La empatía es un valor indispensable en todos los aspectos de nuestra vida, que nos ayuda a recuperar el interés por las personas que nos rodean y a consolidar la relación que tenemos con cada una de ellas, y que cultiva al mismo tiempo la confianza, amistad, comprensión, respeto y comunicación. Es la capacidad de ponernos en la piel de otra persona, de escucharla y comprenderla de manera sincera. Es una virtud que aumenta con su práctica a base de potenciar ciertos aspectos propios de nuestro día a día, como pueden ser:

• Olvidarnos de nuestra propia experiencia, pues cada persona piensa de forma diferente ante un mismo hecho. Es lo que hemos hablado de “saber escuchar”.
• Aprendemos a escuchar sin juzgar, desprendiéndonos de nuestros prejuicios e ideas preconcebidas.
• No nos apresuremos a dar consejos. No nos impliquemos en lo que nos quieren compartir. Es posible que las personas que nos hablen sólo necesiten ser escuchados.
• Intentemos sentir las emociones de la persona que nos habla desde su perspectiva y no de la nuestra. Estemos atentos a los pequeños gestos. Utilicemos un tono adecuado de comunicación. Es la manera de que fluyan los sentimientos.

COMPASIÓN

Es un sentimiento humano que siente el aprecio por los demás, es el acto de abrir tu corazón, y se manifiesta a partir del sufrimiento de otro ser, siendo más intenso y profundo que la empatía. Supone una manera profunda de sentir y compartir.

Sin embargo, no debemos confundir compasión con lástima, ya que no son lo mismo. Compasión es reconocer el sufrimiento del otro y actuar, Compasión es una actitud de servicio a los demás; lástima es observar la desgracia como algo sin remedio y sin hacer nada.

Confucio definía a la compasión como: “la preocupación respecto a alguien sintiéndose solidario” y en este caso sentir compasión no requiere sentir pena o que el otro esté sufriendo y no presupone esperar algo a cambio. Se considera como la “empatía en acción”, es decir, el comprender y ponerse en el lugar del otro desde el afecto compartido, conectando y respondiendo de una forma activa a sus necesidades, manteniendo una auténtica, sincera y desinteresada ayuda.

Debemos huir de la indiferencia y el desinterés por los demás, de lo contrario, a buen seguro que nos hará ser indolentes y egoístas en nuestro propio bienestar.

Viviendo a través de la compasión reafirmamos otros valores como la generosidad, la sencillez, porque no se hace distinción entre las personas por su condición; así como la solidaridad, por tomar en sus manos los problemas ajenos haciéndolos propios, y la comprensión, porque al ponernos en el lugar del otro, descubrimos el valor de la ayuda desinteresada.

SOLIDARIDAD

Es la positiva actitud de la generosidad y cuidado de los demás, que está ligada a la empatía y la compasión, y que se define como la colaboración mutua entre las personas, sobre todo cuando se viven experiencias difíciles de las que no es fácil salir. La solidaridad hace sentirnos unidos unos con otros.

La solidaridad es una palabra de unión, es algo justo y natural; no es tarea de santos, de virtuosos, de ascetas, de monjes, de políticos; es tarea de hombres. La solidaridad es justa porque los bienes de la tierra están destinados al bien común, al bien de todos y cada uno de los hombres, y los que dada su buena fortuna tienen más, están obligados a aportar más en favor de otras persona y de la sociedad en general.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo, dicen los evangelios, para añadir a las relaciones de justicia estricta un nuevo elemento: la Caridad. Para el ser humano la solidaridad no debería reducirse a dar lo justo, lo mínimo exigible, ni a dar lo que me sobra, sino que el concepto de amar al prójimo va más allá. A la pregunta ¿por qué solidaridad? La respuesta sería: porque es lo justo, y porque amo al hombre. La solidaridad, justa de por sí, se hace plena y se enriquece con las nociones de amor, caridad y entrega.

BONDAD

Ser bondadosos perfecciona el espíritu de una persona, porque sabe dar y darse sin miedos a verse defraudado, dando apoyo y entusiasmo a todos los que lo rodean. Muchas veces el concepto de bondad se confunde con el de debilidad. Sin embargo Bondad es exactamente lo contrario, es la fortaleza que tiene quien sabe controlar su carácter, sus pasiones y sus arranques, para convertirlos en mansedumbre.

Supone una inclinación a hacer el bien, con una comprensión profunda de las personas y sus necesidades, siempre paciente y con ánimo equilibrado. Este valor desarrolla en cada persona la disposición para agradar y complacer, en su justa medida, a todas las personas en todo momento.

Evitar actitudes indiferentes ante las preocupaciones o inquietudes que tienen los demás, así como actitudes agresivas, malos modales o formas de hablar un tanto soberbias, con la razón de parte nuestra o sin ella. No alimentar nuestro al regocijarnos cuando alguien comete un error a pesar de las advertencias dadas.

La bondad no busca las causas sino que comprende las circunstancias que han puesto a esa persona en la situación actual, sin esperar explicaciones ni justificación, procurando encontrar los medios para que no ocurra nuevamente. A su vez, tiene tendencia a ver lo bueno de los demás, no por haberlo comprobado, sino porque evita tener “prejuicios” con respecto a las actitudes de los demás, es capaz de “sentir” de alguna manera lo que otros sienten, haciéndose solidario al ofrecer soluciones.

La bondad es generosidad, no esperar nada a cambio. No necesitamos hacer propaganda de nuestra bondad, porque entonces pierde su valor y su esencia. El hacernos pasar por incomprendidos a costa de mostrar lo malos e injustos que son los demás, denota un gran egoísmo. Debemos entender que la bondad no tiene medida, es desinteresada, por lo que jamás espera retribución. Nuestro actuar debe ir acompañado de un verdadero deseo de servir, evitando hacer las cosas para quedar bien… para que se hable bien de nosotros.
Pero tampoco ser bondadoso implica ser blando, condescendiente con las injusticias o indiferente ante la conducta de los que nos rodean. Por el contrario, el bondadoso es una persona que continua siendo enérgica y exigente sin dejar de ser comprensiva y amable.
Del mismo modo, jamás responde con insultos y desprecio ante quienes así lo tratan, por el dominio que tiene sobre su persona, procura comportarse educadamente a pesar del ambiente adverso.

Como al principio manifestamos, la bondad perfecciona a la persona que lo asume como un valor importante en su vida, porque sus palabras están llenas de aliento y entusiasmo, facilitando la comunicación amable y sencilla; da sin temor a verse defraudado. y sobre todo, tiene la capacidad de comprender y ayudar a los demás olvidándose de sí mismo.
Hay que tener en cuenta que los grandes cambios se gestan de los cambios pequeños. Por eso, deberíamos intentar poner en práctica actitudes positivas que muestren ese toque de asertividad del que hablamos. Su práctica está en aplicar las siguientes iniciativas:

• Siembra semillas de bondad. Sonríe, sé amable y cortés, escucha con atención.
• Coopera con todos por igual. Trata a todas las personas con las que te vayas encontrando como si fueran las más importantes del mundo, porque lo son. Si no para nosotros, sí para alguien; y si no lo son hoy, pueden serlo mañana.
• Mantén la conciencia tranquila siendo consciente de lo que haces.
• Busca convencer en vez de vencer. No seas autoritario.
• Escucha tu voz interior.

Cuando entablamos una relación con alguien, una voz interior nos dice “es una buena persona” o “no confío en ella”. ¿Cómo podemos hacer tales juicios al instante? Demostrar que vas por la vida en son de paz es la mejor forma de plantarte ante los demás desde un costado solidario y apacible. La bondad, entonces, será una realidad contagiosa, productiva y generadora de buenos sentimientos.

DESPRENDIMEINTO

Es un valor que nos enseña a fomentar el desapego, bien en forma de bienes y recursos, bien en forma interna como son las emociones y los sentimientos. El desprendimiento nos educará para no girar en torno de las cosas materiales y pongamos el corazón en las personas. La importancia que le cedemos a las cosas, el uso que hacemos de ella y la intención que tenemos para ponerlas al servicio de los demás, son algunos aspectos que hacen al valor del desprendimiento. Y para ello no cabe otra cosa que superar el egoísmo y la indiferencia, reconociendo que todos tenemos necesidades y carencias.

Los esfuerzos que hacemos a diario para poseer todo aquello que soñamos… son muchas veces bienes materiales, que nos crean una falsa ilusión y al cual pretendemos darle el valor de cubrir con nuestro vacío interior. Por ello, no dejemos que estas simples cosas se conviertan en los afectos en el orden principal, dejando de lado a las demás personas y su bienestar.

Debemos tener en cuenta, que el cuidar de nuestras cosas y el buen uso que hacemos de ellas, no tienen nada que ver con el afecto denominado apego a las cosas materiales. Justamente, el desprendimiento es el valor que nos ayuda a superar el aprecio y el sentimiento de posesión y exclusividad hacia determinadas cosas, para ofrecerlos gratamente a los demás.

Este valor del desprendimiento muchas veces se presta a confusión con el solo hecho de deshacernos de todo aquello que no utilizamos y no lo pensamos volver a manipular. Pero esa actitud, lo único que hace es manifestar hacia la persona que lo recibe poco respecto por parte nuestra.

El desprendimiento es una entrega totalmente generosa de lo que poseemos y que por ende no tiene medida para su cumplimiento. Este valor nos ayuda a nosotros y por ende a la sociedad en su conjunto, ya que nos permite crecer como personas siendo más bondadosas y generosas, haciéndonos más actuantes desde el corazón.

PROPÓSITOS PARA CULTIVAR
LA VIRTUD DE LA GENEROSIDAD

Tratar de ser tolerantes y comprensivos en todo momento.

Aprender a compartir, haciéndolo por la satisfacción de saber que hemos ayudado y no por el propio ego de esperar el agradecimiento.

Aprender a escuchar a los demás.

Ser bondadosos y respetuosos, teniendo el máximo acercamiento con los demás.

Cultivar la amistad, haciendo amigos nuevos.

Brindar nuestro apoyo a quienes nos lo solicite.

Sonreír todo lo posible; una sonrisa es señal de conexión con uno mismo y con los demás. La sonrisa hace milagros en nuestra transformación interior.

Rechazar la violencia

Sentirse cómodo y a gusto con uno mismo, cuidando nuestro cuerpo e imagen física.

Aprender a desprendernos de lo que realmente no necesitamos, efectuando una donación siempre que se pueda, bien económica, material, de tiempo, de trabajo, …haciéndolo con amor y desprendimiento.

Cultivar el perdón. Soltando los resentimientos y pensamientos que nos aten a alguien con quien no queremos estar vinculados. Si hay deudas o rencores que nos amarga la vida, olvidémoslos y tratemos de liberarnos de las emociones que los estancan. El universo nos lo recompensará.

Dominar nuestra dependencia de la Materia y del Espíritu, alejándonos de la avaricia y la soberbia, que provoca en nuestro interior los celos, las envidias y el orgullo, las “sombras” que atacan con más virulencia a los Iniciados en la Luz.

Anuncios
Imagen | Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s