Sobre la Dualidad del Ser humano……

lo bueno y lo malo

Los Ángeles, Virtudes, Energías de Luz, o como bien queramos llamar son creados para velar porque no prevalezca el Mal, y para que con sus sincronismos y mensajes sutiles hacernos ver el modo de que nuestro Espíritu imperfecto vuelva a su origen Divino Perfecto, tal como era antes de su Creación en el Mundo Material.

Ellos nos hacen comprender que el Espíritu del ser humano fue creado y separado de la Esencia Suprema como consecuencia de la formada Dualidad Bien-Mal y previamente a la creación del mundo Material y al de los propios Ángeles, el Mundo Mensajero. Un Espíritu imperfecto que quedaría encerrado en un cuerpo Material acorde a esa necesidad pensante denominada sabiduría de la dualidad Bien-Mal.

Asimismo, nos revelan que nos encontramos en uno de los 36 Mundos de Luz del Adonay, el planeta Tierra, donde encarnamos en la vida Material. En una vida que estará llena de pruebas a superar para de esta forma aprender de ello y así lograr al fin el entendimiento de esa Perfección, no dual, a la que nuestro Espíritu Divino aspira.

Y en este nuestro Mundo Dual interior nos hacen ver que existen dos Reyes que luchan por sus posesiones. El Rey del equilibrio que sabe de la Luz del Amor y el Rey del orgullo que no sabe que lo es, pues se cree que también es Luz, pero no la reconoce ni quiere que nadie la reconozca, y que en realidad no es otra cosa que nuestros propios defectos, simbólicamente denominada Oscuridad, y que por todos los medios quiere ser dueña de nuestro mundo interior, impidiendo de muchas formas que no podamos reconocer lo que es nuestra propia sinrazón al crear entre unos y otros todo aquello que va en contra del Amor, del perdón y, en consecuencia, de la UNIÓN que debe prevalecer en todos los que desean considerarse Caminantes o Consagrados.

Y sólo el Amor podrá Unir a estos dos Reyes. Una unión que debe iniciarse desde uno mismo y en consciencia, sin esperar a que lo hagan los otros.

Así, deberemos pasar las pruebas que el Universo nos presente, y una de las armas o claves para dominar a ese Rey del orgullo no será otra que el espejo donde nos observamos, reflejado en los otros, y que es en realidad donde vemos nuestra propia cara convertida en acciones. Y para poseer ese espejo, y reconocernos en él, antes deberemos haber sido coherentes servidores de los demás, sin condicionamientos, conscientes de nuestra libertad llevada a cabo a través del Amor y del perdón, sabiéndonos reconocedores de nuestros propios defectos y sobre todo arrepentidos de las ofensas producidas con la voluntad firme de no volver a recaer.

 

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