GRATITUD

“Ser agradecidos es de bien nacidos”… dice el refrán.

Una cita de Mariano Aguiló (1825-1897) Poeta español, nos dice:

Olvida lo que has dado para recordar lo recibido”.

La Gratitud como Virtud toma fuerza interiormente porque al sentir esa emoción nos hace darnos cuenta de lo que verdaderamente tenemos, especialmente de esas cosas pequeñas que diariamente nos ocurren, buenas o menos buenas, y que al apreciarlas, nos enseñan y nos hacen sentirnos en paz y armonía. Y exteriormente, porque ese sentimiento interior nos hace también ser amables, generosos y respetuosos con nuestros semejantes a través de nuestras propias palabras y acciones.

La Gratitud como Virtud empieza por uno mismo ya que es una consecuencia del reconocimiento de nuestra vida, al entenderla como un regalo de Dios a través de nuestros padres y porque al cultivarla a lo largo de nuestra vida nos irá proporcionando, momento a momento, ese sosiego que necesitamos.

Para cultivar esta gran Virtud es preciso buscar la paz y armonía con uno mismo, con una misma, y de esta forma estar en condiciones de prestar especial atención a esos momentos de nuestra vida diaria por insignificantes que creamos que son.

También deberemos centrarnos en las cosas positivas que nos ocurren, saber cómo expresarlas, contarlas de algún modo al que tenemos a nuestro lado o en la distancia, y también, como no, sabiendo escuchar al otro, sintiendo su alegría y su amabilidad.

Comprender que la Gratitud como Virtud no consiste en “pagar” ese favor que podamos haber recibido, sino en mostrar a esa persona nuestro afecto, alegría, el cariño que hemos sentido por ese acto de generosidad recibido, ya que será esa muestra de afecto, de amor, la que realmente nos llene, nos enriquezca interiormente y transforme a mejor nuestra propia forma de vida y la de nuestro entorno, haciéndonos sentirnos queridos por los demás y, sobre todo, “diciéndonos” cómo querer a los demás.

Debemos ser capaces de hacer del Valor de la Gratitud un acto sistemático en nuestro quehacer diario, pues, de todo se aprende, y ese aprendizaje es precisamente el gran regalo. Hasta de las acciones de nuestros mayores enemigos se aprende y se dan las gracias por abrirnos los ojos.

AURI

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